sábado, 18 de octubre de 2014

Los escoceses y nosotros


Un trozo de historia indiscutible, la DECLARACIÓN DE ARBROATH, escrita por los Barones Escoceses en Abril de 1320, demuestra no solo que vivian en el Oeste peninsular en torno al año cero, o que su santo patrón era San Andrés, sino también que pasaron de Galicia a Escocia en algún momento entre este año cero y el año 1000 d.C., como recoge el Lebor Gabála Érenn (Libro de las Conquistas Irlandesas) y la leyenda de Breogán y de otros reyes galaicos de la época,

Esta es una parte del texto, traducido del latín por los Dres. Juan O. Pons y N. Florencia Pons Belmonte:


Santísimo Padre y Señor, sabemos y encontramos en las crónicas y libros de los antiguos, que entre las ilustres naciones, la nuestra, la de los escoceses, ha sido dotada con extensa fama. Viajaron los escoceses de Escitia Mayor por vía del Mar Tirreno y los Pilares de Hércules, y moraron durante un largo tiempo en España entre los pueblos más feroces, pero ninguna raza, por más bárbara que fuese, pudo sojuzgarlos. Desde allí vinieron, mil y doscientos años después de que el pueblo de Israel cruzó el Mar Rojo, a su tierra en el oeste donde aún viven hoy. Expulsaron a los Británicos, y destruyeron del todo a los Picts, y aunque atacados repetidamente por los Noruegos, los Daneses, y los Británicos, tomaron esas tierras con muchas victorias y labores incontables; y como la historia testificará, desde entonces las han mantenido libre de servidumbre. En su reino han reinado ciento y trece reyes de su propia estirpe real, sin que rompiera el linaje ni un extranjero. La alta nobleza y merito de este pueblo, si no fuesen de otra manera manifiestos, se hacen patentes por esta razón:
El Rey de Reyes y Señor de los Señores, nuestro Señor Jesús Cristo, después de su pasión y resurrección, llamó a nuestro pueblo, aunque radicado en las tierras más extremas del mundo, casi primero a su santísima fe. Ni tampoco permitió el Señor que nadie sino su primer apóstol confirmara a este pueble en su fe—llamando, aunque segundo o tercero en rango—el bondadosísimo Santo Andrés, hermano del bendito Pedro, y le deseó que él protegiera a este pueblo para siempre como su patrón. Sus predecesores los Santísimos Pontífices reconocieron estos hechos y otorgaron muchos favores y numerosos privilegios a este mismo reino y a su pueblo, como el cargo especial del hermano del bendito Pedro.